martes 7 de julio de 2009

No es lo mismo estar que ser...

"¡Qué filosófico es el español!", me decía hace un par de semanas un amigo francés que estaba de paso por Madrid. Consciente el chico de que su español aun no es muy bueno, y consciente yo de que viciado por mi trabajo de profesor de español no puedo evitar jugar con la lengua (más que corregir), nuestros diálogos siempre acababan en disertaciones lingüisticas que, según él, más que lingüísticas eran filofóficas.

Una de estas eternas disertaciones, para cualquier nuevo hablante de español, es la diferencia entre los verbos ser y estar, que, como sabéis, en la inmensa mayoría de las lenguas corresponden a un único verbo. Y, claro, la dificultad para los hablantes extranjeros viene dada por la reflexión (a veces carente de lógica, a veces carente de una regla gramatical estricta) sobre cuándo usar cada verbo.

Este amigo francés, prudente ante el agobiante calor del verano madrileño, llevaba consigo una botella de agua que quería tirar a la basura pues... "¿es vacía? ¿o está vacía?", me preguntó. "Está vacía", le respondi. "¡Ah, claro, porque antes estaba llena!", reflexionó. "Claro, y podría volver a estar llena. ¿La quieres volver a llenar, o la tiramos?", reafirmé. Y es así como generalmente (no siempre) podemos definir cuál verbo usar, llevando la gramática a una dimensión casi filosófica que tiene que ver con la identidad, la existencia o el estado de los seres o cosas.

Esta noción de identidad / existencia / estado ha sido y está siendo muy bien aprovechada por una campaña publicitaria. Es sabido que los publicistas son maestros en el arte de manipular el lenguaje, pero pocas veces como esta usan para ello una ambigüedad gramatical. Y yo feliz, pues la campaña me ha venido al pelo para usarla como recurso en mis clases de español.

La campaña, tanto en su versión impresa como en su versión audiovisual, usa como frase introductoria casi una sentencia que nos invita a esa reflexión de la que he venido hablando: "No es lo mismo estar que ser de una gran compañía", para finalmente decantarse por el ser y afirmar, con el firme posicionamiento que sugiere la primera persona del singular: "SOY de La Mutua".

Claro, si estás en La Mutua o en cualquier otra compañía, firma o marca, esto implica un estado circunstancial, que podría cambiar, que no garantiza una permanencia o compromiso de ninguna de las dos partes y por lo tanto el nivel de confianza es menor que si eres de ella, que implica una relación de identidad, de existencia, de permanencia, de confianza.

Pero como también sabréis, algunos adjetivos plantean curiosidades a la hora de decidir si los combinamos con "ser" o con "estar". Por ejemplo, ¿"soy casado" o "estoy casado"? Normalmente en español, aunque esto puede variar según el hablante o la zona, usamos en este caso el verbo "estar". "¿Y por qué?, cuando yo me casé lo hice con la idea de toda la vida", me han dicho algunos alumnos; pues sí... o no... ¡o quién sabe!

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lunes 6 de julio de 2009

¡Ojalá!


De vez en cuando, por ejemplo para celebrar anualmente el día del idioma, se hacen encuestas para conocer cuáles son las palabras de la lengua española que más gustan a los hablantes. A mí nunca me lo han preguntado, pero sin duda entre mis palabras favoritas está "Ojalá", por su significado cargado de emoción, por su origen etimológico, y porque es una de las expresiones que más sentido pragmático otorga al gramaticalmente problemático subjuntivo.

Decimos "Ojalá" cuando queremos expresar un deseo (bueno o malo, pero deseo al fin), para otras personas o para nosotros mismos. Pero es un deseo formulado con fuerza, con énfasis, con mucha carga emocional.

Esa carga seguramente viene dada por el origen de la palabra, herencia como muchas otras de la lengua árabe que tanto influyó en la lengua española. La traducción exacta séría "Si Dios quisiera".

Como vemos en esa traducción, el verbo "querer" está en modo subjuntivo. El modo subjuntivo, en general, lo usamos cuando queremos expresar hipótesis, posibilidad, duda, irrealidad, deseo. Y, además, está en tiempo pretérito y aspecto imperfecto, lo cual aumenta la carga intencional de deseo, pues uno de los usos de esta forma es la expresión de una condición poco o medianamente probable para que se cumpla una acción en el futuro, sobre todo combinada con el condicional: "Si Dios quisiera, tendrías suerte".

Entonces, cuando usamos "Ojalá" siempre lo usamos con el verbo en subjuntivo, pues es un deseo aun no realizado, posiblemente realizable en el futuro, o no realizado en el pasado: "Ojalá tengas suerte" / "Ojalá tuvieras suerte" / "Ojalá hayas tenido suerte" / "Ojalá hubieras tenido suerte".

Para practicar esta expresión, y en general el uso del subjuntivo, suelo usar en mis clases como material de apoyo tres canciones plagadas de deseos:

- "Ojalá", de la cantante española Sole Giménez
(Ojalá se pase el dolor de cabeza...)

- "Ojalá pudiera borrarte", del grupo mexicano Maná
(Ojalá y te me borraras de mis sueños...)

- "Ojalá", del cantautor cubano Silvio Rodríguez
(Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan...)